Howard Phillips Lovecraft nació en Providence, Rhode Island el 20 de agosto de 1890, donde tambien murió el 15 de marzo de 1937).​ Más conocido como H. P. Lovecraft, fue un escritor estadounidense, autor de novelas y relatos de terror y ciencia ficción. Se le considera un gran innovador del cuento de terror, al que aportó una mitología propia —los Mitos de Cthulhu—, desarrollada en colaboración con otros autores, actualmente en vigencia.2​3​ Su obra constituye un clásico del horror cósmico, una línea narrativa que se aparta de las tradicionales historias de terror sobrenatural —satanismo, fantasmas—, incluyendo elementos de ciencia ficción como, por ejemplo, razas alienígenas, viajes en el tiempo o existencia de otras dimensiones.

El color que cayó del espacio en la revista «Amazing Stories» en 1927, al comienzo de la década final de su corta vida. Parece ser que la intención del escritor de Providence era aunar en un solo relato los elementos fantásticos, de terror, de ciencia ficción y del mundo extraterrestre que no habían aparecido significativamente unidos en sus obras anteriores o cuya vinculación no le había dejado del todo satisfecho. Y también deseaba evitar los aspectos excesivos o grotescos con que solían describirse —también su caso— los entes procedentes del espacio exterior o, simplemente, terrestres capaces de provocar terror en sus lectores. Por ello, recurrió a un color, a un color nunca antes visto, a un color indefinible cuya existencia no consta en ninguna paleta conocida de colores y que, por ello, había de suscitar inquietud, aversión y espanto. El color del espacio exterior (título original en inglés: The Colour Out of Space) es un relato fantástico o weird fiction (ficción rara).

El título hace referencia al color de una entidad venida del espacio exterior, color que no se corresponde con ninguno del espectro visible conocido por los humanos. Aparte de esta noveleta, también se le menciona en En las montañas de la locura.​

Vamos a situarnos, estamos al oeste de Arkham, la ciudad inventada por Lovecraft y situada imaginariamente en el territorio de Nueva Inglaterra —también hay alusiones a la universidad de Miskatonic, igualmente inventada por el escritor—, y los acontecimientos narrados se desarrollan en la década de 1880. Un técnico relacionado con la construcción de un embalse en la zona es quien investiga y cuenta lo sucedido más de cuarenta años después, algo de lo que nadie quiere hablar y cuyo conocimiento —refrendado por el aspecto que presenta el paisaje— lleva al narrador —según se nos avisa muy pronto para aumentar nuestra expectación— a abandonar inmediatamente el lugar, regresar a Boston y renunciar a su trabajo. ¿Qué será?

Desde el principio se alude a lo acaecido en los llamados “días extraños”, a un “lugar maldito”, al testimonio del anciano lugareño Ammi Pierce que nunca ha estado en sus cabales —por causa de lo que vivió—, a un “yermo asolado”, a la inexistente o atrofiada vegetación enmarañada, a una gran mancha de polvo gris, a la ausencia de casas, personas y ruinas y, en fin, al hecho cierto de que toda una familia de granjeros había desaparecido o había sido asesinada. ¿Por quién? Nadie lo sabe, aunque el tal Ammi Pierce tendrá mucho que contar, pues era amigo y vecino de los Gardner, la familia evaporada. Pierce estuvo con los Gardner en el curso espantoso de los sucesos.

Éste es sólo el planteamiento, el arranque concretado en las primeras páginas del absorbente relato con un añadido imprescindible: la caída de un meteorito sobre el pozo de la granja de Nahum Gardner, hasta entonces un lugar fértil y próspero.

Un meteorito venido del espacio. Lovecraft se centra primero en la investigación de la metálica roca caída en el pozo y despliega una serie de análisis e hipótesis científicas —sin aburrir, todo lo contrario— que tienen por objeto subrayar lo incomprensible e irreconocible del fenómeno ocurrido. No puedo confirmar, ni muchísimo menos, la pertinencia de todos esos apuntes científicos, pero sí decir que —a modo de cata— me he tomado la molestia de saber si unas mencionadas “estructuras de Widmanstät” existen y he comprobado que sí. También se adorna Lovecraft con analogías artísticas, al señalar muy pertinentemente la pintura de Salvator Rosa Johann Heinrich Fuseli en un texto muy virtuoso en la descripción visual del tenebroso paisaje.

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