La máquina de la eternidad de Frank Riley y Mark Clifton

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La Máquina de la Eternidad es uno de esos libros que tiene un aura a su alrededor. Mucha. Obviamente me refiero a que dentro de la Ciencia Ficción es casi un mito. “La Máquina de la Eternidad” es el segundo premio Hugo, en 1955.

En 1954, antes de que la ciencia real creara el concepto mismo de “inteligencia artificial” (bautizada oficialmente durante el verano de 1956 en el Dartmouth College estadounidense), la ciencia ficción imaginaba ya cómo podría ser “una máquina que pueda pensar mejor que el ser humano”.

En esta famosa y premiada novela (sorprendentemente inédita todavía en España), se describe una época de caza de brujas y de control de la opinión parecida a lo que sucedió realmente en Estados Unidos en los años cincuenta con las iniciativas del senador McCarthy. EN la ficción, un gobierno omnipotente y represor ordena construir una máquina pensante capaz de prever las catástrofes y evitarlas, eliminando el posible error humano.

La obra apareció por entregas en Astouding Stories, pero iba precedida de dos precuelas que también están incluidas en el volumen:

EL LOCO JOE de Mark Clifton y Alex Apostolides, es la presentación de Joe Carter en su infancia/juventud, que es el principal artífice de la máquina Bossy. Joe es un producto atípico de la época y en el encontramos poderes y facultades extrahumanas.

¡ESCÓNDETE! ¡ESCÓNDETE! ¡BRUJO! de Mark Clifton y Alex Apostolides, nos describe la gestación de Bossy y las diferentes vicisitudes por las que pasan sus creadores.

PREFIEREN TENER RAZÓN de Mark Clifton y Frank Riley, es el verdadero cuerpo central de la historia (posteriormente titulada La máquina de la eternidad) y nos cuenta la historia de Bossy y los personajes con los que se rodea, algunos aparecidos en los dos relatos anteriores y otros nuevos.

El resultado es Bossy, una inteligencia artificial “avant la lettre” que además cura y perfecciona a los seres humanos, quienes, bajo su influjo, desarrollan nuevas posibilidades físicas y mentales. Entre estas mejoras se encuentra la inmortalidad que, gracias a Bossy, está al alcance de todos aquellos que prefieran la flexibilidad de criterios a la rigidez de los prejuicios.

Aventuras tradicionales, personajes bien perfilados y un buen ritmo narrativo componen una novela entretenida y agradable, que no desdeña criticar la intolerancia ni abordar ciertas reflexiones presuntamente profundas sobre la inmortalidad, la ciencia o la inteligencia artificial.

La Máquina de la Eternidad es un fiel exponente del tono y las preocupaciones típicas de la ciencia ficción de los años cincuenta, con su especial atención a la telepatía y otros poderes extrasensoriales y parapsicológicos. Junto a las primeras especulaciones sobre la futura inteligencia artificial, es fácil rastrear también en esta novela un posible intento de tecnificar la dianética, esa ciencia-camelo para la perfección de la actividad mental humana. Como La Maquina de la Eternidad, la dianética fue creada en esos años cuarenta y cincuenta por un autor de ciencia ficción (Ron L. Hubbard), y se ha convertido hoy en la Iglesia de la cienciología, que ha generado, como tantas otras religiones, grandes beneficios económicos a su “inventor” o a sus principales adláteres.

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