Ellaria Clegane, su legendaria reina inmortal del estado Mordus. Había sido en el pasado una investigadora de la Sociedad Geográfica Interestelar que tras las primeras décadas de terraformación, detectó el nacimiento de una nueva mutación, una rara especie vegetal similar al musgo terrestre, pero con interesantes diferencias en su coloración de tonalidades azuladas. Tras tomar muestras y sintetizarlo, Ellaria Clegane creo las primeras versiones de la droga que más tarde pasaría a llamarse Maná.

Ellaria Clegane, descubrió las propiedades potenciadoras del Maná original experimentado con ella misma. Extendiendo su intelecto, su fuerza y su vida de una forma que ningún otro ser humano jamás había experimentado en toda la existencia de la especie. Mil quinientos años después, Ellaria Clegane, seguía viva y su secreto a salvo con ella. Aquel secreto que había sido codiciado durante siglos, tanto por señores Estirpe, como por los magnates y jefes de estados de todas las naciones humanas. Pero Ellaria Clegane no entregó nunca su secreto, ni tan siquiera a sus seguidores de la proto-secta, a los que entregó una variante adulterada de su fórmula original.

Ellaria Clegane era tan solo un recuerdo de la mujer alta y hermosa de largas greñas azabache que una vez fue. Ahora, la reina del Mordus, era más bien un fantasma, un ser esquelético y pálido, que aunque muy deteriorada, no reflejaba su verdadera edad milenaria. A Ellaria Clegane le gustaba observar las idas y venidas de los cruceros estelares sobre las pistas circulares de aterrizaje que sobresalían de la muralla de su ciudad. Durante siglos y desde la torre más alta de la Ciudadela Mordus tenía esta costumbre. La torre, estaba asentada en el centro de su ciudad circular, franqueada por colosales muros de piedra blanca en contraste con la espesura verde que la rodeaba.

Los siglos la habían transformado en un ser asexuado y antinatural. No era humana, pero tampoco era divina y a pesar de su extraordinaria longevidad, los embates del tiempo habían hecho estragos en ella. Tan solo unos pocos privilegiados tenían derecho a penetrar en sus aposentos y muy de vez en cuando, disfrutar de una charla con la reina. Aunque eso, era realmente extraño. Entre tanto, el más absoluto y pavoroso silencio gobernaba aquellas estancias decoradas con estilo neoclásico, muy en la línea de los antiguos gobernantes aristócratas de la vieja Tierra.

No solo el cuerpo de la reina se había deteriorado. También su mente, actuando casi como la reina abeja de una colmena. Tan solo preocupada por su supervivencia, con una obsesión demencial y asesina. Velando porque sus zánganos Mordus, obedientes y leales, la proveyeran de su sustento.

 

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